«¿Jugamos al escondite?» Cómo detectar el estrés oculto y deshacerse de él

A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos constantemente a situaciones estresantes. Las razones son innumerables: desde discusiones aparentemente habituales con nuestros seres queridos, hasta intentar explicarle una tarea escolar a un niño que no logra entenderla o afrontar conflictos en el trabajo. Incluso los cambios inesperados en la vida, al igual que su ausencia total, la rutina constante y las preocupaciones cotidianas, pueden provocar estrés. En pocas palabras, incluso el detalle más insignificante puede desencadenarlo, por lo que eliminar por completo cualquier preocupación de nuestra vida es prácticamente imposible.

No tiene nada de malo experimentar estrés a corto plazo. Sin embargo, cuando la tensión se acumula y se vuelve crónica… Por lo general, incluso entonces seguimos ignorando nuestro estado, porque ocuparse de la salud psicológica resulta mucho más difícil que refugiarse por completo en la carrera profesional, cambiar de peinado o consolarse con algo rico para comer (vamos, admitidlo, ¿quién no ha hecho eso alguna vez?). Por desgracia, nada de esto hará que el estrés desaparezca. Y si llega a volverse latente u oculto, librarse de él será mucho más complicado.

Muchas personas ni siquiera sospechan cuántas formas sencillas pero eficaces existen realmente para combatir la sobrecarga emocional. Voy a hablaros de aquellas que utilizo personalmente y que me ayudan a eliminar el estrés de raíz antes de que llegue a instalarse. Pero vayamos paso a paso.

Qué es el estrés y de dónde viene

Si lo explicamos de la forma más simple posible, el estrés es una sobrecarga emocional. Y quiero aclarar desde el principio que se trata de una reacción absolutamente normal de un organismo sano (!) ante el cansancio, las cargas excesivas de trabajo o las amenazas para nuestra comodidad, bienestar o supervivencia. Es la manera en que nos resistimos a una actividad física o psicológica excesiva a la que, muchas veces, somos nosotros mismos quienes nos sometemos. Porque, cuando pensamos en las consecuencias de nuestras decisiones, solemos centrarnos únicamente en las repercusiones para nuestro bolsillo, nuestra reputación o nuestras relaciones… pero rara vez pensamos en las consecuencias para nuestra salud, especialmente para nuestra salud mental. Sin embargo, es precisamente a ella a la que deberíamos prestar atención en primer lugar si queremos construir una carrera profesional exitosa. Como muchas otras personas, llegué a esta conclusión a través de la experiencia, después de numerosos errores y situaciones estresantes. Por eso ahora tienes una oportunidad única de aprender de inmediato aquello que otros tardan años en comprender, hasta que, como suele decirse, la situación los obliga.

La hormona responsable del estrés en nuestro organismo es el cortisol. Esta hormona es producida por las glándulas suprarrenales en respuesta a una señal del cerebro que indica la presencia de peligro. Gracias al cortisol mejoran la concentración, la circulación sanguínea y la síntesis de glucosa, lo que ayuda al organismo a liberar energía adicional para afrontar situaciones estresantes. Así pues, la función principal del cortisol es ayudar al ser humano a adaptarse a los cambios del entorno. Y, si lo pensamos bien, eso resulta muy útil. Sin embargo, como ocurre con todo, la moderación es fundamental.

Cada persona, debido a sus características individuales, reacciona de manera diferente al aumento de los niveles de cortisol, y los signos de una producción excesiva no siempre son evidentes. La falta de concentración, la irritabilidad, el insomnio o el sueño interrumpido, el debilitamiento del sistema inmunitario y los resfriados frecuentes son síntomas que indican que recientemente se ha producido demasiado cortisol. Y parecería lógico pensar que, si estás estresado, deberías sentirlo. Pues resulta que no siempre es así. Precisamente de esta forma aparece el estrés oculto. Lo ignoramos, guardamos todos esos síntomas en el cajón mental de «ya me ocuparé de ello más adelante», hasta que la cerradura se rompe y todo lo que habíamos acumulado cae sobre nosotros de golpe. Exactamente eso fue lo que me ocurrió a mí: todos esos síntomas empeoraron de forma tan repentina que empecé a perder productividad. Fue entonces cuando comprendí que algo no iba bien.

Estrés oculto: entendiendo sus causas

Para desenmascarar nuestro estrés oculto y resolverlo de una vez por todas, es necesario conocer algunas cosas importantes sobre él.

  1. El estrés no siempre es negativo

No pienses que solo las experiencias negativas provocan estrés. La emoción agradable, la expectativa de algo deseado o las famosas «mariposas en el estómago» son ejemplos muy comunes de experiencias emocionales positivas que también provocan estrés fisiológico, al igual que las emociones negativas. Y sí, todo ello también tiene un efecto perjudicial sobre el organismo.

  1. El estrés no siempre está en tu mente

A veces no está provocado por tus emociones, sino por el entorno que te rodea. Por eso nunca debes culparte únicamente a ti mismo por sentir estrés. Al contrario, deberías agradecerle a tu organismo que te advierta sobre factores desfavorables. Por ejemplo, las temperaturas extremadamente bajas o altas, el ruido intenso y, según mi propia experiencia, incluso algunos métodos de relajación pueden tener efectos negativos y generar estrés. La aromaterapia, por ejemplo, no es adecuada para todo el mundo. Por eso es importante aprender a identificar el origen de tu estrés y analizar no solo tu estado interno, sino también tu entorno.

  1. La percepción es una realidad

Si sinceramente no entiendes de dónde proviene tu estrés, es posible que realmente se encuentre dentro de ti. Los factores estresantes pueden ser tanto materiales como inmateriales. Una baja autoestima, la sensación de insatisfacción con las condiciones de vida y otras experiencias similares pueden aumentar la ansiedad y la tensión emocional. ¡Y eso también es completamente normal! En este caso, el estrés te impulsa a cambiar algo en ti mismo, en tu forma de percibir las cosas o en las decisiones que tomas.

  1. Las características individuales

La manera en que una persona percibe el estrés —si lo oculta o, por el contrario, lucha activamente contra él— también depende de su tipo de personalidad, de su temperamento y de la educación que ha recibido. Todos estos factores, junto con la genética, han contribuido a formar tu carácter. Yo misma he observado con frecuencia —y la ciencia lo confirma— que las personas con una personalidad de tipo neurótico pasan mucho tiempo reflexionando sobre sus preocupaciones y experiencias, lo que prolonga su estado de estrés.

  1. ¡La carga total que soporta tu organismo también importa!

Muy a menudo, los niveles excesivos de estrés no son provocados por un único factor importante, sino por la combinación de varios elementos, una especie de acumulación de pequeños irritantes que, a primera vista, parecen insignificantes. Por eso, no te castigues con una cantidad desmesurada de tareas ni cargues sobre tus hombros montañas de trabajo. Debes entender que, si este mes superas tus objetivos dos, tres o incluso cuatro veces, tarde o temprano llegará el agotamiento, y acabarás perdiendo más de lo que habías conseguido anteriormente. Por eso lo repito una vez más: todo debe mantenerse dentro de unos límites razonables.

Cómo se manifiesta el estrés oculto en la vida y el trabajo de la mujer moderna

Según los resultados de una encuesta realizada por la Asociación Americana de Psicología, hombres y mujeres reaccionan al estrés y lo afrontan de maneras completamente diferentes. El estudio demuestra que las mujeres desarrollan con mucha más frecuencia síntomas físicos y emocionales de agotamiento. Por eso, como presidenta del Women’s Empowerment Council, quiero hablar por separado de los factores que provocan la sobrecarga emocional y el estrés oculto específicamente en las mujeres.

Los más importantes, en mi opinión, son los siguientes:

  • Aislamiento de género. Está científicamente demostrado que las mujeres que trabajan en equipos donde predominan numéricamente los hombres presentan niveles significativamente más altos de cortisol. Además, las exigencias que suelen imponerse a las mujeres son mucho mayores debido a la discriminación de género («¡Debes ser al mismo tiempo una buena madre, una mujer de carrera y la guardiana del hogar!»). En consecuencia, nos vemos obligadas a trabajar más para demostrar una competencia y un profesionalismo no inferiores a los de nuestros colegas hombres. Y, como es bien sabido, el exceso de trabajo y las horas extra frecuentes suelen conducir a formas crónicas de diversos trastornos psicológicos. Después, nos vemos obligadas a ocultar el estrés por las mismas razones: para no quedar rezagadas respecto a los hombres en términos de rendimiento laboral.
  • Desigualdad salarial. Desde hace tiempo no es ningún secreto que, en muchos países, las mujeres ganan menos que sus colegas hombres con exactamente la misma cualificación. Pues bien, unos ingresos más bajos también contribuyen al aumento del estrés, mientras que una remuneración equitativa, determinada de manera justa y sin relación con el género, favorece la estabilidad emocional y psicológica.
  • Un entorno social desfavorable. En ocasiones, las mujeres se enfrentan al desprecio, a los insultos y a distintos tipos de acoso no solo en el trabajo, sino también en su vida personal. Estos factores se consideran, sin duda, algunas de las principales fuentes de estrés. Asimismo, la falta de apoyo por parte de familiares, amigos y seres queridos también tiene un impacto negativo.

Pero también hay una buena noticia: según las estadísticas, aunque las mujeres experimentamos estrés con mucha más frecuencia, ¡lo afrontamos considerablemente mejor que los hombres! Esto se debe en gran medida a la nueva tendencia de formación en línea creada específicamente para mujeres. Incluso puedes encontrar este tipo de programas en nuestra plataforma Lectera, en una sección especial donde expertas internacionales ayudan a otras mujeres a recuperar el equilibrio emocional, construir una carrera profesional y compaginarla armoniosamente con el cuidado de la familia y de sí mismas.

Cómo entender que tu estrés se ha “escondido” y vencerlo

El estrés oculto no siempre es evidente. Si no le prestaste atención a tiempo y no trabajaste sobre la situación que lo desencadenó, tu subconsciente puede simplemente reprimirla, como si se tratara de un recuerdo traumático, haciendo que encontrar la verdadera fuente del estrés resulte aún más difícil. Entonces el estrés se «biologiza», es decir, comienza a manifestarse en forma de enfermedad. Esto puede expresarse de las siguientes maneras:

  • Dolores de cabeza frecuentes.
  • Espasmos en la zona abdominal, dolor de estómago o dificultades para tragar.
  • Caída del cabello.
  • Dolor en el pecho, la espalda o el cuello.
  • Fatiga, falta de concentración y pérdida rápida de la atención.
  • Alteraciones del ciclo menstrual (naturalmente, este síntoma solo afecta a las mujeres).
  • Aumento de la ansiedad.
  • Insomnio.
  • Eccema, picazón y enfermedades de la piel.
  • Apenas te recuperas de un resfriado cuando ya has contraído otro.

Si has identificado al menos dos o tres de estos síntomas al mismo tiempo, ¡ha llegado el momento de actuar! Para empezar, esto es lo que puedo recomendarte:

  • Aprende a reservar tiempo para ti. Seguro que conoces algún parque o rincón agradable donde te gusta estar. Pues bien, conviértelo en un hábito: sal a pasear o queda allí con tus amigos con regularidad. Lleva un libro y un termo y simplemente disfruta de la tranquilidad. O dedícate a algo que te haga sonreír, aunque sea hacer pompas de jabón en la bañera.
  • Cuídate. Esto se aplica tanto a hombres como a mujeres. Todos nos sentimos mejor cuando elegimos una ropa bonita, nos hacemos la manicura o cambiamos de peinado. ¡No tengas miedo de admirarte a ti mismo: es algo sencillo y agradable!
  • Haz una pequeña investigación sobre ti mismo y sobre tu mente. Piensa en cuáles son tus desencadenantes personales: ¿qué cosas suelen provocarte emociones negativas o ponerte nervioso? Intenta reducir su presencia en tu vida. Por ejemplo, evita relacionarte con ese compañero tóxico después del cual te sientes fatal, o no aceptes cuidar gratis al hijo de tu hermana. Tu comodidad personal es una de las cosas más valiosas que tienes.
  • No dudes en acudir a un psicoterapeuta. También puedes probar la meditación o el yoga: ¡tal vez sea exactamente lo que necesitas!
  • ¡Validación! Se trata de una habilidad extremadamente necesaria en la sociedad actual. Consiste en escuchar y conocer la opinión de otra persona sobre un determinado tema sin que eso implique estar de acuerdo con ella. Simplemente debes escuchar un punto de vista diferente, aceptarlo y reconocer su existencia. Esto amplía los horizontes, permite ver las cosas desde nuevas perspectivas y comprender que no eres la única persona que ha sido víctima del estrés. Hay muchísimas más. ¡Seguramente tu temible jefe o tu cliente más difícil también formen parte de ese grupo!

El estilo de vida también importa: la actividad física regular aumenta la resistencia del organismo al estrés, mientras que una alimentación equilibrada y la renuncia al alcohol prolongan no solo la vida, sino también el periodo durante el cual eres capaz de concentrarte en una sola tarea. ¡No tengo ninguna duda de que podrás superar todo esto, especialmente si realizas el curso de Lectera «Gestión del estrés. 40 técnicas para cambiar tu vida para mejor»!