Empleados del futuro: ¿cómo trabajar con la generación Z?

La generación Z son las personas nacidas entre 1997 y 2010. Es decir, la juventud actual de unos 20 años, que apenas comienza a construir su carrera y busca su lugar en la vida. ¿Qué los distingue de las generaciones anteriores, las llamadas Y y los «boomers»? ¿Cómo son como empleados? ¿Qué esperan los empleadores al invitar a la generación Z a un puesto? Porque tienen sus propias particularidades, tanto fortalezas como debilidades, pero vayamos por partes.

¿Cómo son los empleados Z?

Se suele considerar que para todas las personas el salario es el factor principal al tomar una decisión laboral, pero la generación Z valora el salario menos que cualquier otra generación. Si se le ofrece a un Z elegir entre una vacante bien remunerada pero aburrida y un trabajo donde se paga de forma media, pero cada día está lleno de impresiones y nuevas tareas, sin duda elegirá lo segundo.

A pesar de que a la generación Z se la llama individualista, para ellos es sumamente importante la existencia de una misión global para cambiar y mejorar el mundo. Además, la empresa debe subrayar estas aspiraciones no con palabras, sino con acciones. Por ejemplo, mediante la participación en campañas y eventos masivos.

La principal característica de la generación Z y su ventaja indiscutible es la ausencia de barreras tecnológicas. Los gadgets les resultan familiares desde la infancia, por lo que los perciben como una parte inseparable de la vida cotidiana. Por esta razón, son receptivos al desarrollo del entorno digital y se adaptan fácilmente a él, están abiertos a nuevas herramientas y reciben las innovaciones con entusiasmo.

Los empleadores esperan encontrar en la generación Z al llamado «hombre del Renacimiento»: un empleado con talentos, intereses y áreas de conocimiento muy diversos al mismo tiempo. Esto exige de la generación Z la combinación de cuatro habilidades laborales clave:

  • capacidad para utilizar tecnologías y herramientas digitales;
  • capacidad para analizar grandes volúmenes de datos;
  • habilidades de gestión empresarial y de proyectos;
  • habilidades creativas y de diseño.

Sin embargo, para atraer y retener a la generación Z, los propios empleadores también deben estar a la altura: desarrollarse a la misma velocidad que el mundo que los rodea, llevar estos valores al mundo, cambiándolo para mejor. Esto también significa desarrollar programas sólidos de formación y liderazgo con un énfasis real y tangible en la diversidad, ya que los representantes de la generación Z necesitan más personalización y comodidad en el trabajo y en su crecimiento profesional.

Líderes natos

De los empleados Z realmente surgen excelentes líderes. Sin embargo, no todos entienden que los propios Z están mucho más interesados en el aprendizaje y en la ampliación de responsabilidades. No les importa tanto cómo se llama su cargo, sino más bien el nivel de responsabilidad que el empleador está dispuesto a confiarles. Al formar a la generación Z, hay que centrarse en el coaching y no en la gestión del comportamiento. No seguirán estrictamente los modelos y plantillas del empleador: eso no está en su naturaleza.

Además de confianza, la generación Z necesita retroalimentación regular. Sin ella, se marchitan como plantas sin riego. Esto se debe al uso activo de las redes sociales: desde la adolescencia (o incluso antes), la generación Z se acostumbra a valorar publicaciones, «agregar amigos» y dar likes. Todo ello genera una necesidad constante de reacción y aprobación. La ausencia de feedback los descoloca y les hace pensar qué hicieron mal.

Flexibles y orientados al corto plazo

De ahí se deriva uno de los problemas más comunes de la generación Z: la baja resistencia al estrés. El estrés hace tiempo que ha sido llamado la plaga del siglo XXI. Según las estadísticas, el 37% de los representantes de la generación Z ya experimenta los primeros signos de agotamiento profesional. ¡Y apenas tienen unos 20 años!

Para prevenir esto, los empleadores deberían fomentar pausas cortas durante el día, incluidos los coffee breaks en grupo. Conviene limitar la comunicación los fines de semana para dar a la generación Z tiempo para desconectarse del trabajo.

También conviene diversificar el ámbito de actividad de la generación Z: alternar distintos tipos de tareas, permitirles pasar de un proyecto a otro y ofrecerles constantemente nuevas habilidades que puedan aprender. La generación Z se parece más a velocistas que a maratonistas: son más eficaces al realizar tareas urgentes que requieren el máximo de energía y concentración aquí y ahora.

Amantes de la libertad e hiperactivos

La generación Z es en gran medida lobo solitario: está dispuesta a trabajar por el bien de la empresa, pero necesita un mentor que le ayude a integrarse en el equipo. Por eso, no hay que esperar que se adapte rápidamente a la cultura corporativa: las normas rígidas les generan rechazo. Además, la generación Z es mucho más productiva si se le ofrece, por ejemplo, un horario flexible o la posibilidad de trabajar a distancia. Al fin y al cabo, prácticamente cualquier tarea puede realizarse con ayuda de un portátil y unos auriculares.

También, idealmente, conviene diversificar las formas de comunicación: por ejemplo, sustituir las reuniones presenciales por videoconferencias. Así, por ejemplo, en una encuesta reciente el 75% de los representantes de la generación Z respondió que preferiría afrontar una conversación laboral difícil mediante mensajes de texto en un mensajero, y no por teléfono.

Otro problema de la generación Z, que a menudo la pone en confrontación con otras generaciones, es su hiperactividad y el deseo de resolver por sí misma todos los problemas que surgen, sin contar al mismo tiempo con el conjunto de habilidades necesario ni pedir ayuda. Debido a esta misma hiperactividad, muchas trayectorias profesionales tradicionales le parecen a la generación Z demasiado «arcaicas», lentas. Necesitan movimiento constante, pero no necesariamente vertical: también puede ser horizontal, entre distintos roles. El cambio de puestos de trabajo y la ausencia de rutina mantienen durante mucho tiempo su interés y motivación.

Honestos y desconfiados

Por su carácter, la mayoría de los Z son directos. A veces incluso pueden sonar demasiado bruscos en sus declaraciones, porque prefieren llamar a las cosas por su nombre, sin evasivas ni rodeos líricos. Eso mismo es lo que esperan también de sus empleadores.

La mejor política al comunicarse con la generación Z es la franqueza y sinceridad. Olvídense de ocultar malas noticias y detalles. No intenten «suavizar el golpe». Quieren estar siempre al tanto de los acontecimientos y saber qué ocurre en realidad; de lo contrario, perderán rápidamente la fe en su equipo y en lo que hacen. Recuerden que esta generación creció en un mundo que valora la transparencia y les enseñó a valorar lo mismo. Los ejemplos de estrellas de Hollywood que hablan abiertamente de su pasado difícil, sus ambiciones y episodios absurdos son prueba de ello, por no hablar ya del ámbito empresarial. Una empresa como Buffer, que creó la aplicación homónima para gestionar redes sociales, incluso hace públicos los salarios. Todos los empleados saben cuánto gana cada uno, incluida la dirección.

Al mismo tiempo, la generación Z creció en condiciones de abundancia informativa y noticias falsas, por lo que trata toda la información que recibe con escepticismo. Esto es precisamente lo que la hace más eficaz en el procesamiento y filtrado de datos, en la búsqueda de información fiable, etc. Por eso tampoco conviene andarse con rodeos al llamar a la generación Z a una conversación: cualquier sospecha de deshonestidad o mentira puede reflejarse en su actitud hacia toda la empresa y, por consiguiente, en la productividad.

Por supuesto, cada representante de la generación Z tiene sus propias características únicas. Alguien seguirá prefiriendo un salario alto a la diversidad, y otro, las garantías sociales a los viajes de trabajo al extranjero. Pero también hay una singularidad evidente de la generación en su conjunto. Las personas nacidas en la era de la madurez tecnológica, criadas en una sociedad de abundancia y grandes oportunidades, se imponen exigencias muy altas tanto a la sociedad como a sí mismas. Y, quizá, esta sea precisamente la generación que pueda aportar al negocio global los valores que antes se perdieron en la persecución del gran dinero.