«Me voy con elegancia». Cómo renunciar correctamente a un trabajo
«¿Para qué esforzarme en mantener buenas relaciones con mis antiguos compañeros y con la dirección si de todos modos voy a dejar la empresa?», preguntarás. Pues bien, te responderé basándome en mi propia experiencia: porque nunca sabes cómo puede girar la vida y porque marcharse de manera correcta, elegante y con una sonrisa es una verdadera demostración de profesionalismo. A lo largo de mi vida he cambiado de muchos empleos y proyectos, ya que cuando sentía que había llegado a un límite, me marchaba sin arrepentimientos y buscaba nuevos estímulos para seguir creciendo. Sin embargo, nunca quemé los puentes detrás de mí: no solo agradecía al equipo el tiempo que habíamos compartido, sino que también mantenía el contacto con ellos, algo que me ayudó en más de una ocasión incluso años después.
No importa cuál sea exactamente el motivo de tu renuncia: un salario bajo, un jefe histérico, el agotamiento emocional o cualquier otra razón. Lo único importante es que el mundo profesional es pequeño. Precisamente por eso, antes de marcharte para siempre, te aconsejo hacer varias cosas útiles de mi propia dismissal-list.
Comunica tu renuncia con antelación

A algunos esto les parecerá evidente, pero, por desgracia, me he encontrado muchas veces con situaciones en las que los empleados anuncian su marcha prácticamente en la fecha prevista para irse. En ocasiones eso me colocaba en una situación complicada: necesitaba a ese especialista en su puesto, pero él ya no quería seguir trabajando y yo todavía no había tenido tiempo de encontrar un reemplazo. Por eso el consejo es sencillo: muestra respeto y prepara a tu responsable para la idea de que quieres cambiar de trabajo. No tomes decisiones impulsivas ni saques conclusiones precipitadas, porque eso también puede perjudicarte si de repente anuncias tu renuncia en un momento de enfado.
Pide a tu jefe una conversación privada y comunícale directamente tu decisión. Incluso si la legislación laboral no te obliga a trabajar dos semanas más antes de marcharte, dale al menos a la dirección un mínimo de tiempo para encontrar una sustitución adecuada. Sería ideal incluso que tú mismo propusieras una candidatura alternativa para tu puesto, por así decirlo, un sucesor. Lo principal aquí es no mentir: ¡no hay nada peor que los empleados que aprovechan la hora de comer para ir a entrevistas de trabajo y luego dejan silenciosamente una carta de renuncia sobre la mesa! Si eres leal a tu empresa, explica por qué has decidido marcharte. ¿Y si después de esa conversación resulta que ni siquiera hace falta irse?
Entrega tus responsabilidades personalmente
Si no renuncias porque el equipo o la propia dirección te están empujando a hacerlo, intenta esperar a que llegue la persona que ocupará tu puesto para transferirle directamente todas tus responsabilidades. ¡Imagínate cuánto le facilitarás la vida tanto al nuevo empleado como al propio negocio! Al fin y al cabo, el proceso de formación siempre es complejo y genera inquietud para cualquier persona. Prepara con antelación todos los documentos, plantillas, listas de contactos y cualquier otra información útil que pueda necesitar el nuevo especialista. Créeme, esto será un punto a favor no solo para tu karma, sino también para tu imagen profesional.
Trabaja correctamente hasta el último día
Muchas personas empiezan a relajarse antes de renunciar porque saben que el día X está cada vez más cerca. Dejan de responder llamadas, realizan sus tareas principales de manera descuidada, comienzan a llegar tarde o a irse antes de tiempo y, en ocasiones, incluso se permiten ser groseros con sus compañeros como despedida. ¡No cambies tu forma de comportarte en la oficina hasta que la hayas abandonado oficialmente! Trabaja exactamente igual que durante todo el tiempo que pasaste en la empresa. Deja al final la imagen de un empleado eficaz para que tu jefe te recuerde sin ninguna duda. Y cuando recibas tu último salario y una copia de tu carta de renuncia directamente en tus manos, entonces sí podrás entregarte por fin a la pereza.
Apoya al equipo incluso después de marcharte
No, no, nadie está diciendo que debas seguir trabajando en la oficina sin cobrar o sustituir a tus compañeros. Se trata únicamente de responder a las preguntas aclaratorias que tus colegas puedan hacerte durante algún tiempo después de tu salida. Personalmente, todavía ayudo de vez en cuando a antiguos equipos cuando se encuentran con algo con lo que nunca habían tenido que lidiar, pero con lo que yo sí había trabajado anteriormente. Esto también ayuda a fortalecer los contactos profesionales en lugar de perderlos con el paso del tiempo. Además, así te aseguras la posibilidad de poder consultar algo tú mismo a antiguos compañeros si alguna vez lo necesitas. ¡Así que intenta no bloquear a nadie!
Pon puntos suspensivos, no un punto final

¿Quién ha dicho que nunca más podrás volver a tu antiguo trabajo? ¡La vida es impredecible! Pero el mercado lo es todavía más. Tal vez nunca vuelvas a ocupar tu antiguo puesto, pero eso no excluye las alianzas profesionales ni la colaboración entre empresas, ¿verdad?
En tu último día de trabajo, envía un mensaje al chat corporativo diciendo que siempre estás abierto a seguir comunicándote y colaborando en el futuro, que sigues disponible y que no estás borrando a tus compañeros de tu vida. En otras palabras, despídete con una nota agradable. Que te recuerden no solo como un gran profesional, sino también como una persona amable, educada y dispuesta a ayudar.
Escribe cartas de agradecimiento
Esta es una práctica bastante poco habitual que yo personalmente nunca he llevado a cabo, pero que sí practicaron algunos de mis empleados. Y, ¿sabes qué? ¡Es muy agradable recibir una carta llena de agradecimiento y palabras cálidas de un empleado que está dejando la empresa! Destaca los puntos fuertes de tu antigua compañía, agradece a tu mentor la ayuda recibida y expresa tu deseo de volver a trabajar juntos algún día, aunque ya desde posiciones iguales y en un formato diferente.
No ensucies donde una vez comiste
Incluso si tu relación con la empresa terminó de la mejor manera posible, abstente de realizar críticas directas o comentarios negativos sobre ella. Por ejemplo, definitivamente no deberías inundar internet y las plataformas de reseñas contando lo mal que te trataron o lo horrible que era tu jefe. Si alguien te pregunta directamente y en privado, puedes mencionar los aspectos negativos de tu antigua empresa, pero únicamente aquellos que realmente te llevaron a tomar la decisión de marcharte. Y aun así, es importante hacerlo de manera neutral. ¡Y bajo ningún concepto hables de personas concretas! El mundo profesional es pequeño, ¿lo recuerdas? Quién sabe si tus antiguos jefes resultarán ser viejos amigos de tus futuros jefes. Habla bien de la empresa o, simplemente, no hables de ella.
La renuncia es una etapa natural en el ciclo de vida de cualquier puesto de trabajo. Es inevitable y no tiene nada de aterrador, porque al cambiar de empleo te abres a un nuevo nivel de desafíos y oportunidades. Lo más importante es seguir siendo siempre una persona íntegra y tratar con respeto a todos aquellos con quienes alguna vez trabajaste hombro con hombro. ¡Eso es beneficioso no solo para tu imagen y tu futura carrera, sino también para tus nervios!