¿Qué impuestos tendrá que pagar una pequeña empresa en Rusia, Estados Unidos y Europa?
¿Quieres abrir un negocio y convertirlo en una empresa internacional? Descubre qué impuestos tendrás que pagar después de registrar una empresa o el equivalente a la figura de empresario individual en distintos países. En este artículo he recopilado mis propios conocimientos sobre las legislaciones fiscales de diferentes países y he destacado qué jurisdicciones serán más ventajosas para una pequeña empresa cuyo fundador vive o se encuentra en Rusia.
Rusia

En Rusia es más fácil iniciar un negocio como empresario individual: los impuestos son más bajos y las oportunidades mayores. Por eso, en este análisis me centraré en la situación del emprendimiento individual. Y es bastante favorable: puedes pagar un impuesto mínimo mientras no ganes más de 200 millones de rublos al año o no quieras atraer capital emitiendo acciones en el mercado.
Por defecto, al registrarte como empresario individual se te aplicará el régimen fiscal general. No es el más beneficioso: tendrás que pagar el impuesto sobre el valor añadido (IVA), que no siempre es necesario, el impuesto sobre la renta de las personas físicas tanto por ti como por tus empleados, así como el impuesto sobre la propiedad. El impuesto sobre la renta será del 13 % para ingresos que no superen los 5 millones de rublos al año y del 15 % para la parte de los ingresos que exceda esa cantidad. Comprueba si los productos o servicios que planeas vender están sujetos al pago del IVA.
Uno de los regímenes fiscales más ventajosos es el sistema simplificado de tributación. Los ingresos de un empresario individual que utilice este sistema no pueden superar los 150 millones de rublos al año, y el número de empleados no puede exceder las 100 personas. Este régimen simplificado no se aplica a negocios relacionados con el alcohol o el tabaco, los seguros, la banca ni a empresas que ya hayan abierto sucursales. Según este sistema, solo tributarán los ingresos o únicamente la diferencia entre ingresos y gastos. Si eliges tributar sobre los ingresos, deberás pagar un 6 %. Si tributas sobre la diferencia entre ingresos y gastos, la cantidad final variará entre el 1 % y el 15 % dependiendo de la región donde esté registrada la empresa. Y si registras pérdidas, pagarás el 1 % del importe de dichas pérdidas. Además, tendrás que asumir cotizaciones fijas a los seguros: un 31,1 % si tus ingresos no superan los 300.000 rublos al mes, o un 31,1 % más un 1 % de la cantidad que exceda los 300.000 rublos si superas ese límite. Y, por supuesto, no debemos olvidar las cotizaciones a los seguros y el impuesto sobre la renta: también son obligatorios. Si no quieres pagar impuestos por tus empleados, puedes contratarlos como colaboradores externos, ya que el régimen de autónomos permite legalizar este procedimiento. Sin embargo, para el propio trabajador esta opción no será la más adecuada, ya que perderá las garantías sociales, el seguro médico voluntario y otros beneficios ofrecidos por el empleador, lo que podría convertirse en un argumento de peso para buscar trabajo en otra empresa.
La tercera opción es el sistema de tributación por patente. Aquí todo es sencillo: compras una patente para una actividad concreta, la renuevas cada uno a doce meses dependiendo de su período de validez, pagas una cantidad fija que no depende de tus ingresos y no tienes que presentar una declaración fiscal. El coste de la patente equivale al 6 % del ingreso potencial estimado para una empresa que opere en un sector determinado. Este ingreso potencial varía según la región, por lo que conviene prestar atención al lugar donde registres tu actividad. La patente es una buena opción si tu plantilla no supera las 15 personas y tus ingresos anuales no exceden los 60 millones de rublos. Y, por supuesto, no olvidemos las cotizaciones a los seguros: tendrás que pagarlas en cualquier caso.
¿Es posible desarrollar un negocio como trabajador autónomo? Voy a decir algo que puede sonar polémico, pero en la práctica sí es posible. O, más exactamente, es lo que hacen algunos emprendedores que venden bienes o servicios de manera individual y logran convertir esa actividad en una fuente constante de ingresos sin escalar el negocio. Los contribuyentes del impuesto sobre la actividad profesional no pueden contratar empleados, y sus ingresos anuales no pueden superar los 2,4 millones de rublos. A cambio, los impuestos son bajos: un 4 % sobre los ingresos procedentes de personas físicas y un 6 % sobre los procedentes de personas jurídicas, incluidos los empresarios individuales. No es necesario realizar aportaciones obligatorias a fondos como el de seguro médico o el de pensiones, y tampoco se exige presentar una declaración fiscal. Sin embargo, si has transferido a tus empleados al régimen de autónomos sin preocuparte de justificar adecuadamente esa actividad, las autoridades querrán saber por qué estás ahorrando en impuestos y, con toda probabilidad, te pedirán que pagues aquello que intentabas evitar.
Estados Unidos

En Estados Unidos existe un sistema interesante: las empresas federales pagan el impuesto sobre la renta de los empleados, el impuesto de sociedades (¿recuerdas el 21 % sobre los ingresos en caso de constituir una Corporation?), impuestos especiales, derechos aduaneros y contribuciones a los fondos de seguridad social. Las empresas estatales, es decir, las que operan dentro de un solo estado, pagan el impuesto sobre la renta, el impuesto de sociedades, impuestos especiales, impuesto sobre las ventas, impuesto sobre los vehículos por su posesión e impuesto sobre la propiedad. Las empresas municipales solo pagan el impuesto sobre la renta, el impuesto de sociedades, el impuesto sobre la propiedad y el impuesto medioambiental.
Los impuestos aquí son considerablemente más altos que en Rusia. Especialmente si registras tu empresa como expatriado y no como un ciudadano estadounidense nativo. Las formas jurídicas LLC y Corporation son buenas opciones para comenzar una actividad empresarial. En el caso de una Corporation abierta por un no residente, pagarás un 21 % más entre un 15 % y un 30 % sobre los dividendos, si los hubiera. En el caso de una LLC creada por un único fundador y no por varios, el impuesto será de entre el 10 % y el 37 %. Este se aplicará a los ingresos obtenidos dentro del territorio estadounidense.
Presta atención a la diferenciación del impuesto sobre la renta: varía dependiendo de si el empleado es soltero, está casado o vive con su pareja y presenta una declaración conjunta, o si es cabeza de familia. Sí, has leído bien: aquí las declaraciones fiscales las rellenan los propios empleados y no las prepara el Estado por ellos. Además, ellos mismos son responsables de que los cálculos sean correctos. Y si resultan incorrectos, las preguntas se dirigirán tanto a ellos como a ti.
A todos los impuestos mencionados anteriormente se suma el llamado «impuesto estatal», es decir, el coste de desarrollar una actividad empresarial en un estado concreto de Estados Unidos. Puede ser del 2,5 %, como en Carolina del Norte, o alcanzar el 12 %, como en Iowa. Algunos estados ya han mostrado cierta compasión hacia los empresarios y han eliminado algunos impuestos. Entre ellos se encuentra, por ejemplo, el impuesto sobre los negocios operados bajo franquicia en Illinois. En Connecticut no se aplica este impuesto a las «empresas comerciales», y en Nevada, Texas, Ohio y Washington no existe impuesto estatal en absoluto. En su lugar, se exige el pago de un impuesto bruto sobre los beneficios de las empresas que se trasladan a estas jurisdicciones para reducir su carga fiscal. Allí se considera que estas compañías son «económicamente perjudiciales», ya que buscan ventajas fiscales.
Europa

En Europa, hacer negocios suele significar pasar de un extremo a otro, al menos en lo que respecta a los impuestos. Mientras que en Rusia es posible limitar las pérdidas y pagar relativamente pocos impuestos, siempre que no tengas una gran plantilla de empleados, y en Estados Unidos, por ejemplo en el estado de Washington, puede resultar rentable abrir una empresa capaz de cubrir todo el mercado estadounidense, en Europa tendrás que esforzarte mucho más. Hay muchos países y cada uno tiene su propio sistema fiscal. En pocas palabras, es un auténtico rompecabezas. Por eso, evalúa cuidadosamente tus posibilidades y da este paso solo si entiendes que es necesario para continuar desarrollando tu negocio o expandirlo hacia nuevos mercados.
Una de las jurisdicciones más cómodas para hacer negocios en Europa es, por supuesto, Chipre. Aquí existe un régimen fiscal especial para las personas que hayan pasado más de 60 días en territorio chipriota durante un año fiscal. Sin embargo, no debes residir allí de forma permanente, es decir, no puedes convertir Chipre en tu residencia fiscal principal. Además, para obtener este régimen es necesario demostrar la existencia de «vínculos estrechos con el país», lo que en la práctica puede significar invertir en la creación de una empresa. Este estatus se denomina non-domicile y se concede por un período de 17 años. Gracias a él, pagarás un impuesto de sociedades del 12,5 % y un IVA del 19 % cuando corresponda, o entre el 0 % y el 9 % dependiendo de la facturación de la empresa y del sector en el que opere. El salario anual mínimo exento de impuestos para los empleados es de 19.500 euros. El impuesto sobre los dividendos generados por la actividad empresarial es del 0 %, independientemente del país en el que se perciban. Sin embargo, si contratas empleados de manera oficial, deberás aportar aproximadamente un 12 % a los fondos de seguros, desempleo y «cohesión social y desarrollo de la formación».
Otro «paraíso» para registrar una empresa europea es Portugal. En Madeira puedes crear una sociedad que tribute únicamente un 5 % de impuesto de sociedades. Además, si te acoges al programa Non-Habitual Resident, es decir, al régimen fiscal para residentes no permanentes, puedes quedar exento de impuestos sobre prácticamente todo. Dentro de ese «prácticamente todo» se incluyen inversiones, ingresos por alquileres, ganancias de capital y dividendos. Y durante un período de diez años. Sin embargo, fuera de Madeira el impuesto de sociedades aumenta del 5 % al 21 %, mientras que el IVA oscila entre el 6 % y el 23 % según tres tipos impositivos diferentes, cada uno de los cuales se reduce en un 1 % si la empresa está registrada en Madeira. El impuesto sobre los dividendos fuera de Madeira es del 25 % o del 35 %, y las contribuciones al sistema de seguridad social rondan el 24 % del salario mensual. En resumen, lo ideal es registrar la empresa en Madeira y no salir prácticamente nunca de la isla.
El último país europeo que quiero mencionar es Malta. Creo que, al igual que Portugal y Chipre, este país reduce la carga fiscal sobre las empresas para atraer más inversiones a su economía. El impuesto de sociedades es del 35 %. ¿Parece mucho? En realidad no tanto: gracias al sistema de devolución fiscal, puede reducirse prácticamente a cero. El IVA general es del 18 %, mientras que los tipos reducidos oscilan entre el 0 % y el 7 %. Sinceramente, da la impresión de que uno nunca ha salido de Madeira, salvo porque Portugal aún no ha inventado la devolución fiscal. Las contribuciones sociales son relativamente moderadas, alrededor del 10 %, lo que permite incluso mantener una pequeña plantilla de empleados. No obstante, para cualquier cuestión más específica, es mejor consultar con un abogado especializado en la creación de empresas en el extranjero, aunque sea para una consulta inicial, que algunos profesionales independientes ofrecen gratuitamente.
¿Te has dado cuenta de que en esta lista no aparecen países europeos «clásicos» como Alemania o Francia? La razón es sencilla: los niveles impositivos en esos países no entusiasman a ningún empresario, y a mí tampoco. En Austria tendrás que pagar obligatoriamente un 25 % de impuesto de sociedades y un 27,5 % de impuesto sobre los dividendos. En Francia estas tasas alcanzan respectivamente el 25 % y el 28 %, e incluso hasta el 75 %. En Italia son del 24 % y del 1,2 % o el 26 %, dependiendo del país de origen de los dividendos y del sector de actividad de la empresa. Y eso no es todo: a estos porcentajes ya de por sí elevados se suman las indemnizaciones que deben abonarse a los empleados que abandonan la empresa o son despedidos. En muchos países europeos, especialmente en Francia, la legislación laboral puede parecer incluso más estricta que algunos principios jurídicos que suelen criticarse en otras partes del mundo. Por eso es imprescindible actuar con la máxima cautela al crear una empresa o registrarse como empresario individual.