Aprovechar el permiso por maternidad para impulsar la carrera: qué habilidades se pueden desarrollar durante el periodo de cuidado de un hijo
Muchas mujeres que regresan a su trabajo favorito después del permiso por maternidad creen, equivocadamente, que han perdido su profesionalidad y que tendrán que volver a aprenderlo todo desde cero. Si eres una de ellas, no te apresures a entrar en pánico. En mi práctica, me he encontrado más de una vez con empleadas talentosas y competentes que, tras el nacimiento de su hijo y el permiso parental, se convertían en profesionales todavía más preparadas y solicitadas. En realidad, durante el periodo dedicado al cuidado de un bebé se pueden desarrollar las habilidades no peor que en la oficina. Es más, este tiempo también permite adquirir nuevas competencias cuya importancia quizá ni siquiera imaginabas. Veamos cómo el permiso parental puede contribuir al desarrollo de tu carrera y por qué no merece la pena preocuparse por una supuesta pérdida de profesionalidad.
El nacimiento de un hijo y el periodo de cuidado del bebé son una etapa feliz en la que, junto a tu pequeño, vuelves a descubrir el mundo. Además, la maternidad y la experiencia de interactuar con los niños pueden ayudarte a avanzar en tu carrera profesional. ¿Cómo es posible? Muy sencillo: cuidar de un niño favorece el desarrollo de todo un conjunto de habilidades importantes. Hablemos de cada una de ellas con más detalle.

- Gestión del tiempo
El periodo de cuidado de un hijo es precisamente ese momento en el que se viene encima una auténtica avalancha de tareas rutinarias. Durante esta etapa, te ves obligada a resolver varios asuntos domésticos al mismo tiempo, porque hay que llegar a todo, en todas partes y de inmediato. Al mismo tiempo, los planes del día suelen cambiar muy rápido: el niño puede enfermarse de repente, tener una rabieta de una hora o negarse a dormir. Por eso, la maternidad es una de las mejores oportunidades para aprender gestión del tiempo, adaptación rápida a circunstancias imprevistas y planificación eficaz no solo del propio tiempo, sino también del de toda la familia. Además, también aprenderás a establecer prioridades correctamente y a delegar responsabilidades. Y esta es una de las habilidades más importantes, que sin duda te resultará útil en tu actividad profesional y en tu posterior crecimiento laboral.
- Inteligencia emocional
Es la capacidad de reconocer e identificar correctamente las emociones de una persona, anticipar su estado de ánimo, sus deseos y sus necesidades. ¿Quién, si no una madre, sabe mejor qué necesita su bebé? Aunque anticipar los “caprichos” de un niño no siempre es fácil. Por eso se puede decir con toda seguridad que los padres jóvenes desarrollan la inteligencia emocional hasta el nivel de “maestro”.
Te preguntarás en qué puede ayudar esta habilidad en el trabajo. Pues bien: la capacidad de gestionar las propias emociones y las de los demás, de controlarlas y regularlas, convierte a los especialistas no solo en empleados eficaces, sino también en verdaderos líderes, capaces de guiar, inspirar y motivar a otros. Además, una persona con una inteligencia emocional desarrollada es capaz de encontrar fácilmente un lenguaje común con sus compañeros o con la dirección, percibir las críticas de forma objetiva, comprender a otras personas y ofrecerles la retroalimentación que necesitan.

- Flexibilidad cognitiva
La flexibilidad cognitiva, o pensamiento flexible, es la capacidad de adaptarse rápidamente a nuevas circunstancias, encontrar soluciones poco convencionales a los problemas que surgen y mantener la calma incluso en las situaciones más críticas. Admitámoslo: son habilidades fundamentales para cualquier profesional competente. Y no solo se pueden adquirir en el trabajo. Durante el periodo de cuidado de un hijo, la flexibilidad cognitiva de los padres jóvenes se desarrolla con rapidez, porque asumen un papel nuevo para ellos y prueban algo completamente distinto, obligando al cerebro a pensar de otra manera y a crear nuevas conexiones neuronales. Sin darse cuenta, las madres y los padres de un niño pequeño practican técnicas de escucha activa, tienen que prestar atención a la opinión del niño y tenerla en cuenta, cambian su punto de vista, se ponen en el lugar de los demás y, de este modo, desarrollan la empatía y la conciencia plena.
- Resistencia al estrés
Las madres de niños pequeños son auténticas mujeres de hierro: no es tan fácil sacarlas de quicio. Después de las preocupaciones y el estrés relacionados con la crianza de un hijo, las mujeres aprenden a resistir hábilmente los estímulos externos, evaluar la situación con serenidad y no dejarse llevar por el pánico. Son capaces de reaccionar de forma adecuada incluso ante las circunstancias más críticas, actuar en condiciones de incertidumbre y recuperarse por sí mismas después de emociones intensas. ¿Quiénes son, si no las empleadas más valiosas?
- Sociabilidad y capacidad de negociación
También se forma de manera casi imperceptible una habilidad muy útil: la negociación. Créeme, es mucho más fácil convencer a un posible socio de invertir en tu proyecto, a un cliente de comprar tu producto o a un empleado de trabajar de forma más eficiente, que lograr que un niño, por ejemplo, coma y después recoja lo que ha dejado. Ten en cuenta que esas negociaciones tienen lugar varias veces al día y por cualquier motivo: cuándo irse a dormir, qué camiseta ponerse, qué dibujo animado ver. Cada vez, los padres jóvenes recurren a trucos y estrategias, sin rendirse hasta conseguir lo que quieren. Una habilidad incalculable, ¿verdad?

- Responsabilidad y alto nivel de organización
A las madres jóvenes no se las llama hiperresponsables por casualidad. Realmente lo son: difícilmente encontrarás a una empleada más disciplinada. La planificación constante, la previsión de distintos escenarios, el cálculo de las situaciones con varios pasos de antelación: todo esto desarrolla el pensamiento analítico y las habilidades de gestión. Además, precisamente las mujeres que han vivido la experiencia de la maternidad son capaces de llevar siempre las cosas hasta el final y alcanzar sus objetivos. Nunca abandonan lo empezado a mitad del camino hacia el éxito, gracias a su organización y a su elevado sentido de la responsabilidad.
- Aprendizaje rápido
Durante el periodo de cuidado de un hijo, especialmente si se trata del primero, las madres jóvenes tienen que aprenderlo todo sobre la marcha. La maternidad es una de las mejores escuelas para aprender a asimilar información nueva de forma rápida y eficaz, aplicar de inmediato los conocimientos y habilidades adquiridos y afrontar tareas nuevas y poco habituales. Es una habilidad especialmente valiosa en el mundo actual, que se desarrolla a gran velocidad y está marcado por las tendencias del lifelong learning y la mejora continua.
Por supuesto, será difícil desarrollar las habilidades profesionales, o hard skills, durante el embarazo y el cuidado de un hijo. Pero si eres una verdadera profesional en tu campo, el nacimiento de un bebé no cambiará eso en absoluto. Al contrario, te convertirás en una especialista aún más avanzada, valiosa y prometedora. Por eso aconsejo a los empleadores que lo piensen bien: las madres son candidatas excelentes, ¡sus soft skills son incluso dignas de envidia!