Reglas clave de la educación financiera, o cómo aumentar tus ingresos: consejos de Mila Semeshkina

Voy a contarte un secreto: ¡cualquier persona puede ahorrar, invertir y hacer crecer su dinero, incluso con un ingreso muy pequeño! Y, además, no es necesario ahorrar en absolutamente todo: basta con administrar el dinero de forma inteligente. En este artículo te explicaré cómo aprender educación financiera y por qué es tan importante gestionar tus ingresos.

Por qué necesitas educación financiera

La educación financiera es el conjunto de conocimientos y habilidades que nos acercan al bienestar financiero; es decir, nos ayuda a no gastar de más y a aumentar nuestros ingresos. En otras palabras, una persona financieramente educada sabe cómo funciona el dinero y cómo debe gestionarlo.

Estoy convencida de que precisamente la educación financiera es la base de un comportamiento consciente del ser humano también en otras áreas de su vida. Son las habilidades de educación financiera las que permiten comprender e identificar las necesidades reales, porque no pensamos tan a menudo en las consecuencias de las compras impulsivas y de otros gastos irreflexivos. Por eso es importante recordarlo: aunque nuestros deseos sean infinitos, los recursos, aun así, son limitados. La educación financiera enseña a establecer prioridades correctamente, a analizar las necesidades y a desarrollar auténticas estrategias financieras. Esa planificación, a su vez, permitirá salir con éxito de una u otra situación de crisis, alcanzar más rápido los objetivos económicos y ahorrar con mayor eficacia. Sin embargo, no es tan sencillo.

Para considerarse financieramente educada, una persona debe dominar toda una serie de habilidades y competencias. Por ejemplo, entre las soft skills necesarias están la capacidad de pensar de forma crítica, analizar información y sacar conclusiones correctas. Las hard skills incluyen:

  • Llevar un presupuesto personal o familiar, es decir, registrar, controlar, analizar y planificar los ingresos que llegan de todas las fuentes.
  • Establecer y seguir objetivos económicos.
  • Utilizar los productos e instrumentos financieros necesarios.
  • Gestionar activos, es decir, controlar los ahorros, invertir, pagar créditos y cumplir otras obligaciones de deuda.
  • Construir un sistema financiero personal o familiar, es decir, un plan económico estructurado que tenga en cuenta todos los factores externos e internos en el camino hacia la meta.

Así, cada una de estas habilidades te permitirá lograr un desarrollo financiero sostenible y estabilidad en el futuro, además de evitar decisiones económicas equivocadas. Admitámoslo: es una de las competencias más demandadas y, además, no pierde vigencia a lo largo de toda nuestra vida, por eso debería aprenderse desde la escuela. Pero, por desgracia, en los programas educativos no existe una asignatura sobre cómo manejar el dinero. Por eso me apresuré a asumir el papel de profesora, compartir mi experiencia personal y los consejos financieros más efectivos, ¡los que me ayudan a controlar y aumentar mis ingresos de forma constante!

Los 10 mejores consejos para mejorar tu educación financiera

Por lo general, aprender algo nuevo en la edad adulta no es fácil. Ya sea educación financiera, un idioma extranjero, bases de marketing… no importa. Prepárate para que al principio no te resulte sencillo. Pero créeme, el resultado no tardará en llegar. Así que, ante todo:

Consejo 1. Define tu motivación y establece una meta clara

Debes entender por qué estás aprendiendo educación financiera y por qué la necesitas. Para ello, define objetivos financieros a corto y a largo plazo que se ajusten a tus valores y prioridades.

Por ejemplo, es el momento de revisar tus finanzas si no estás satisfecho con tu salario, porque solo alcanza para el alquiler, la comida y pequeños gastos domésticos. Otra motivación puede ser el deseo de pagar antes un crédito, ahorrar para unas vacaciones en el extranjero, hacer una reforma, comprar un coche nuevo, etcétera. Por supuesto, se puede decir que la meta global de aprender educación financiera es mejorar la calidad de vida, pero debes concretar qué es exactamente lo que quieres conseguir.

Consejo 2. Utiliza métodos de establecimiento de objetivos

Existen muchas metodologías diferentes, por ejemplo, la rueda del equilibrio vital, el árbol de objetivos, la técnica Agile. Pero para fijarme rápidamente una nueva meta, la mayoría de las veces utilizo uno de los métodos más eficaces: el sistema SMART.

Su esencia consiste en formular la meta con la máxima precisión y detalle. Esto te permitirá lograr más rápido exactamente el resultado que esperas. Así, una meta SMART debe ser: s (specific) — específica, es decir, no solo «Quiero hacerme rico», sino, por ejemplo, «Quiero aumentar mis ingresos mensuales». El siguiente criterio es m (measurable), o medible, es decir, la meta debe tener indicadores cualitativos y cuantitativos. Por ejemplo: «Quiero aumentar mis ingresos mensuales un 25 %» o «Quiero ganar no menos de 10 mil dólares al mes». Solo gracias a estos indicadores podrás comprobar que la meta se ha alcanzado. El siguiente criterio es a (achievable) — alcanzable. Piensa qué conocimientos, habilidades y recursos necesitarás para ello: «Quiero aumentar mis ingresos mensuales un 25% ampliando mi abanico de tareas y haciendo horas extra» o «Quiero ganar no menos de 10 mil dólares al mes vendiendo merchandising con la identidad visual de la marca». Además, tu meta debe ser r (relevant) — relevante, es decir, importante y actual justo ahora. Para ello, completa la formulación: «Quiero aumentar mis ingresos mensuales un 25% ampliando mi abanico de tareas y haciendo horas extra para terminar de pagar la hipoteca» o «Quiero ganar no menos de 10 mil dólares al mes para proporcionar a mi familia todo lo necesario». Y, por último, la meta debe ser t (time-bound), es decir, limitada en el tiempo. Por ejemplo, puedes decir: «Quiero aumentar mis ingresos mensuales un 25% ampliando mi abanico de tareas y haciendo horas extra para terminar de pagar la hipoteca antes de que acabe este año». Admitámoslo: suena mucho más convincente y realista que el ilusorio «quiero hacerme rico».

Así, cuanto antes determines tu motivación, antes podrás pasar a los siguientes pasos. ¡Por eso te aconsejo no perder tiempo! Solo no olvides que, cuando alcances una meta así, después debes fijarte la siguiente. Es necesario vigilar tu motivación y revisar los objetivos con regularidad para que la educación financiera no sea solo una herramienta de ahorro, sino también un hábito.

Consejo 3. Rompe los tabúes financieros

Según las estadísticas, ¡solo en el Reino Unido más del 20 % de las personas nunca han hablado sobre temas relacionados con las finanzas y los ingresos con amigos e incluso con familiares! ¿Te imaginas cuál es ese porcentaje en todo el mundo? El tema del dinero es realmente uno de los más tabúes en la sociedad. Hablar del propio capital o interesarse por el salario de otros se considera poco ético. Junto con la religión y la política, este tema provoca incomodidad y, a veces, irritación y enfado. Sin embargo, precisamente las conversaciones sobre dinero nos permiten aclarar nuestro presupuesto comparándolo con cómo gestionan el dinero los demás; además, nos dan seguridad, aumentan la autoestima y mejoran la relación con la pareja. Por eso, en lugar de evitar hablar de finanzas, empieza a hacerlo abiertamente. Claro, al principio puede darte vergüenza, pero con el tiempo entenderás que ¡todas las personas a tu alrededor están en el mismo barco que tú! Todos nos preocupamos por las mismas cosas, a todos a veces nos falta dinero, muchos tienen deudas. Así que no te castigues por ese interés; mejor habla de finanzas con otros. Créeme, es una excelente manera de analizar tu situación financiera y recibir consejos útiles de quienes ya han pasado por problemas similares.

Consejo 4. Lleva un registro de ingresos y gastos

Estoy convencida de que comprender con claridad tu situación financiera actual es el primer paso hacia los cambios, la estabilidad y el bienestar. Por eso es especialmente importante tener una visión lo más completa y precisa posible de tus finanzas, es decir: los ingresos de todas las fuentes, los gastos incluso en las cosas más insignificantes, los ahorros, las obligaciones de deuda, las inversiones, etcétera.

Así, una persona financieramente educada siempre sabe cuáles son sus ingresos y en qué se van. Para ello, registra el dinero que entra desde cada fuente y también todos los gastos (¡incluso los más pequeños!). Conviene detallar cada partida: servicios, alimentación, transporte, salud, etcétera. Lo más cómodo es hacerlo en una tabla de Excel o en una aplicación especial, por ejemplo:

  • CoinKeeper, que puede sincronizarse con tarjetas bancarias y así automatizar el proceso de registro.
  • Monefy, con una interfaz práctica que permite dividir los gastos por categorías y periodos, y luego analizar estadísticas y calcular el presupuesto futuro con la calculadora integrada.
  • Expensify, con la que puedes seguir sin dificultad los ingresos de varias fuentes y tus gastos.
  • Money Flow para llevar el registro en distintas divisas, agrupar cuentas, establecer límites de gasto y elaborar gráficos claros de gastos.

Pero no olvides que la tabla de ingresos y gastos debe actualizarse constantemente. Así tendrás una idea de cuánto gastas y qué partidas puedes recortar. En otras palabras, te ayudará a entender cómo optimizar los gastos, establecer metas financieras claras y elaborar un plan para alcanzarlas.

Consejo 5. Renuncia a lo innecesario

¡La optimización de gastos siempre empieza por eliminar todo lo que sobra! No tengas miedo y tacha sin dudar aquello que hace tiempo no utilizas. Eso no afectará a tu calidad de vida; más bien la mejorará, porque el dinero ahorrado podrás gastarlo en esa compra tan esperada.

Para facilitar el proceso, puedes empezar por algo pequeño: haz una lista de todas tus suscripciones a distintos servicios, por ejemplo Netflix, Deliveroo Plus, Spotify, etcétera. No olvides indicar su coste mensual. Después decide si realmente lo vale. Si no, cancela la suscripción sin dudarlo. Yo, por ejemplo, descubrí que llevaba varios meses suscrita a Kindle Premium, pero no lo había utilizado ni una sola vez y, de hecho, estaba perdiendo dinero. Así que cancelé esa suscripción sin pensarlo. Reflexiona sobre qué podrías eliminar sin que suponga un problema. Esta revisión conviene hacerla dos o tres veces al año. Créeme, siempre encontrarás algo a lo que puedes renunciar sin esfuerzo.

Consejo 6. Sigue la regla 50/30/20

Siempre tengo en mente una idea simple: «¡Los gastos nunca deben superar los ingresos!» No lo olvides tú tampoco: no conviene gastar más de lo que has ganado. Concéntrate únicamente en las compras necesarias, evita los gastos impulsivos, elimina sin miedo lo superfluo de la lista de productos y no te permitas excesos sin sentido.

Eso es precisamente lo que dice la eficaz regla 50/30/20, que supone que el 50 % de los ingresos debe destinarse a necesidades básicas, como el pago de la vivienda y la comida; el 30 % siguiente, a deseos y «caprichos», por ejemplo ir a cafeterías y al cine, comprar un abono al gimnasio, etcétera; y el 20 % restante debe apartarse como ahorro. Es una regla fundamental de educación financiera que te permitirá protegerte de situaciones imprevistas o ahorrar más rápido para esa compra deseada.

Además, es importante no solo apartar parte del ingreso con regularidad, sino también tratar ese dinero con responsabilidad y no gastar el «fondo de emergencia» en compras impulsivas. Piensa en cómo te ayudarán esos fondos a alcanzar la meta que te has planteado (espero que ya hayas definido tu motivación siguiendo el primer consejo).

Consejo 7. Crea “tesoros”

Por experiencia personal, es mucho más rápido y eficaz ahorrar para una meta si apartas dinero en efectivo. Así habrá menos tentación de gastar de más en el supermercado o en una tienda de ropa. Para guardar el efectivo, lo mejor es hacer varios sobres de dinero o, como yo los llamo, “tesoros”.

Divide el total de tus ingresos en varias partes, cada una correspondiente a un objetivo concreto. Por ejemplo, un sobre-tesoro para vacaciones en el extranjero, otro para una reforma, un tercero para la educación de tus hijos, etcétera. Por cierto, recuerda: ya he hablado más de una vez de lo importante que es no gastar de más y renunciar a compras sin sentido. Pero a veces apetece muchísimo comprar alguna cosita bonita. Para que no te remuerda la conciencia, conviene hacer un sobre aparte para tus “caprichos”, ¡porque mimarse es igual de importante! Eso sí, es importante prometerte no vaciar el sobre de vacaciones si de pronto te apetece mucho un par de zapatos nuevo. Recuerda que los “tesoros” deben usarse para su finalidad; las excepciones solo son posibles en casos de emergencia. Por cierto, para eso también debería haber un sobre aparte: el llamado “fondo de reserva” para resolver asuntos espontáneos o problemas inesperados. Yo lo llamo “colchón de seguridad”, que no te permitirá ahogarte en deudas si de repente te despiden, el niño enferma, el coche se estropea, etcétera.

Consejo 8. Aprovecha al máximo los cupones y la opción de cashback

Por supuesto, no te estoy llamando a perseguir descuentos. Sin embargo, si se usan con cabeza y de forma consciente, los descuentos pueden convertirse en una excelente herramienta para optimizar gastos. Es más: usando cupones y distintos certificados, aprenderás a tomar decisiones de compra más ponderadas, sensatas y con visión de futuro. Así que, si realmente necesitas ese producto, ¿por qué no comprarlo con descuento? Eso sí, no uses descuentos de manera irreflexiva en productos que, en realidad, ni siquiera necesitas.

Otra gran oportunidad de ahorrar —o, más bien, de recuperar parte del dinero ya gastado— es el cashback. Supone la devolución de un porcentaje fijo de la cantidad pagada. Así que no olvides usar, por ejemplo, las tarjetas de fidelidad de distintos supermercados, cafeterías y otros establecimientos. Ofrecen devolver parte del dinero en forma de bonificaciones que pueden gastarse en compras posteriores.

Consejo 9. ¡Deja de ahorrar!

Admitámoslo: suena extraño después de todos los consejos anteriores. Por supuesto, esto no significa que debas irte al extremo de comprar las cosas más inútiles y todo tipo de baratijas. Se trata de que el ahorro no debe limitarte.

En realidad, si ahorras en absolutamente todo, eso no te ayudará a aumentar tus ingresos; solo formará lo que se llama una mentalidad de escasez, cuando una persona cree que los recursos del mundo están estrictamente limitados y no alcanzarán para todos. Por ejemplo, alguien con mentalidad de escasez está convencido de que el mundo se divide en afortunados y fracasados, y que todas las personas son competidores entre sí. Además, la mentalidad de escasez conduce a la avaricia, al miedo constante de no llegar a tiempo a algo, a una ansiedad elevada y a una preocupación permanente. Eso dificulta construir relaciones con la gente y te quita recursos, energía y oportunidades.

Por eso no conviene limitarse demasiado ni ahorrar en exceso: renuncia solo a aquello que de verdad no usas y no necesitas. Así construirás una relación sana con el dinero y no sentirás culpa por satisfacer tus necesidades, aunque podrías haber ahorrado y apartado más. Un método excelente para lograrlo —que practico con regularidad— es este: haz una lista de cosas que quieres comprar, pero no estás seguro de que sean realmente necesarias. Déjala a un lado y, después de unos días o un par de semanas, vuelve a revisarla; si todo lo que aparece allí te sigue pareciendo igual de importante y útil, puedes estar seguro de que la compra te aportará no solo alegría, sino también un beneficio real.

Consejo 10. Aprende y sigue mejorando

Como ya he dicho, la educación financiera es la base de una vida consciente. La conciencia se considera una habilidad fundamental con la que una persona se gestiona a sí misma y su atención, puede controlarse y controlar sus impulsos, y dejar de actuar en automático. Desarrolla la conciencia tú también, porque para ello hay muchas prácticas y métodos efectivos y nada complicados, de los que puedes aprender en Lectera.

Y en cuanto a las finanzas, intenta, poco a poco y sin obligarte, seguir lo que ocurre en la agenda económica de tu país: lee noticias, interésate por la inversión aunque sea por cultura general. Eso te ayudará a comprender la educación financiera y a elaborar un plan a largo plazo para alcanzar la meta y lograr estabilidad, teniendo en cuenta todos los factores externos que pueden aparecer en el camino.

Creo que ya te has convencido de que la educación financiera no es tan difícil de aprender. Lo principal es empezar a aplicar de inmediato todas las recomendaciones y reglas, intentar optimizar los gastos y mantener siempre la mano en el pulso. Esto te ayudará a construir una relación sana y armoniosa con el dinero. ¡Créeme, vale la pena!