La única entre hombres: cómo conquistar un equipo masculino

Al inicio de mi carrera, con frecuencia tuve que cambiar de trabajo y enfrentarme a entornos nuevos y desconocidos. Como le ocurre a la mayoría de las personas, cada proceso de adaptación a un equipo nuevo era para mí un auténtico estrés. Especialmente cuando se trataba de equipos exclusivamente “masculinos”, donde, por principio, no querían aceptar a una mujer. El mundo de los negocios, por cierto, también suele pecar de esto, así que la experiencia de trabajar en equipos masculinos me resultó muy útil con el tiempo. La comparto contigo para que no pienses que ser mujer en un entorno de hombres es un tabú o una desventaja asegurada. ¡Para nada! Es posible conquistar un equipo masculino —y, de hecho, es más fácil de lo que parece.

Secreto 1. De verdad nos juzgan por la apariencia

Absolutamente todos los profesionales evalúan a un nuevo empleado por su aspecto. Estoy en contra de ocultar la feminidad bajo trajes estrictamente formales y renunciar a las faldas o al maquillaje únicamente por estereotipos de género, pero también estoy en contra de las minifaldas muy cortas y los escotes pronunciados. La moderación es necesaria en todo. En cualquier equipo nuevo es mejor vestir de manera discreta al principio, hasta que entiendan las reglas del juego, ganen cierta autoridad y se sientan cómodas.

Si en la empresa existe un código de vestimenta oficial, es importante respetarlo en su totalidad. Vestirse con los mismos colores o dentro del mismo estilo que los compañeros hace que tanto hombres como mujeres se sientan parte de un equipo, implicados en un proyecto común y significativo. Esto favorece la cohesión y acelera la adaptación de los nuevos empleados, independientemente de su género u otras características. Así que la existencia de un código de vestimenta — aunque a muchos les resulte molesto — en un equipo masculino es, sin duda, una ventaja.

Secreto 2. No se conviertan en la “mamá” de hombres adultos

A lo largo de mi vida he conocido mujeres que disfrutaban regañando a sus compañeros por el desorden en el escritorio, trayendo comida casera para todos o preguntando si iban suficientemente abrigados. Recuerden que en cualquier equipo, y especialmente en uno masculino, ustedes son profesionales, no madres protectoras. Ese comportamiento, por un lado, puede reforzar estereotipos de género hacia las mujeres que lleguen después de ustedes y, por otro, les carga responsabilidades adicionales. ¿Realmente lo necesitan? ¿Cuidar de adultos?

Olviden también los roles socialmente “ventajosos” como el de la coqueta o la “damisela en apuros”. No subrayen innecesariamente sus debilidades pidiendo ayuda cuando pueden resolver algo por sí mismas. Pedir consejo sobre una tarea profesional es una cosa; preguntar cómo se enciende el ordenador mientras parpadean exageradamente es otra muy distinta. Tampoco les recomiendo coquetear con compañeros: eso es un tabú en prácticamente todas las culturas y organizaciones. Concéntrense exclusivamente en sus tareas y en realizarlas con eficacia, para que nadie tenga que rehacer su trabajo ni resolver problemas posteriores.

¡Importante! Tampoco intenten adoptar un papel masculino, es decir, imitar a sus colegas copiando sus hábitos o su estilo de trabajo solo para ganarse su confianza. Dejen de centrarse en si son mujer u hombre: son profesionales. Lo demás no importa en el trabajo.

Secreto 3. El control emocional es la clave del éxito

Existe la idea generalizada de que los hombres son más contenidos y fríos emocionalmente que las mujeres. Personalmente considero que esto es una ventaja femenina, no lo contrario, porque gracias a ello solemos tener una inteligencia emocional y una empatía más desarrolladas, además de ser buenas en el análisis y la previsión. Sin embargo, muchos hombres no comprenden lo que llamamos intuición, y cualquier estallido emocional lo interpretan como un golpe a nuestra reputación, incluso cuando está justificado. Por eso es fundamental ejercer un autocontrol adicional. Respaldan sus juicios, propuestas e ideas con cálculos detallados y hechos objetivos — preferiblemente cifras. Rasgos como el nerviosismo, la inseguridad o la tendencia al conflicto también deberán ser controlados.

Secreto 4. Donde fueres, haz lo que vieres

Como nueva empleada — y más aún en un equipo masculino — durante los primeros tiempos conviene observar atentamente a los compañeros, analizar las particularidades de sus relaciones laborales y la manera en que gestionan tanto los asuntos profesionales como los informales. No es recomendable, el primer día, mover los muebles, abrir las ventanas de par en par ni, mucho menos, dar consejos no solicitados sobre cómo deberían realizar su trabajo. Incluso si saben qué procesos podrían mejorarse, guarden esa información al menos hasta la segunda reunión o coméntenla en privado con la dirección. Y no lo presenten como una crítica a las normas establecidas. Enfóquenlo como una forma de reconocer el esfuerzo del equipo y buscar maneras de hacer el trabajo más rápido, más cómodo o más eficiente.

Secreto 5. El respeto mutuo

He dejado lo más importante para el final: mostrar respeto e interés sincero por el trabajo de sus compañeros y por la empresa en general. Feliciten, admiren y reconozcan los logros de otros empleados. No teman interesarse por los detalles de su trabajo, por los asuntos de la organización, o probar nuevas áreas de actividad. Esto subrayará su profesionalismo y su auténtico compromiso con el trabajo. Además, esa iniciativa les ayudará a establecer vínculos más rápidamente tanto con los compañeros como con la dirección.

No olviden tampoco el respeto hacia ustedes mismas. No duden en expresar su punto de vista y defenderlo con argumentos, incluso si están en minoría. Participen activamente en las discusiones y compartan ideas. Esto les permitirá integrarse más rápido en la dinámica laboral y demostrar a sus colegas masculinos que son fuertes y seguras de sí mismas.

Tampoco rechacen participar en eventos conjuntos o actividades tradicionales que suelen existir en equipos cohesionados. Será un verdadero logro si, siendo recién llegada, las invitan a un almuerzo durante la pausa o a un encuentro informal para tomar café. Bajo ninguna circunstancia deberían rechazar estas invitaciones al principio: son una oportunidad perfecta para fortalecer las relaciones internas y hacer amistades. Los intereses comunes, aficiones u otras actividades fuera del trabajo también pueden facilitar esa integración. Intenten identificarlos y destacarlos.

Lo principal que comprendí gracias a mi propia experiencia es que cada equipo es único, y solo el deseo sincero de formar parte de él les permitirá lograrlo. No intenten conquistar a todo el mundo a la fuerza. Sean ustedes mismas. Si son verdaderas profesionales, sus nuevos compañeros lo notarán muy pronto.